La dirección estratégica es una disciplina clave en la gestión empresarial que permite a las organizaciones identificar sus metas a largo plazo y los medios necesarios para alcanzarlas efectivamente. Para las nuevas empresas, entender y aplicar correctamente los principios de la dirección estratégica puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso. Es por lo anterior que es relevante abordar diversos aspectos de la dirección estratégica, desde las decisiones clave hasta la creación de valor, pasando por el proceso estructurado que guía a las empresas a través de un panorama de negocios dinámico, competido y ágil.

¿Qué son las Decisiones Estratégicas?
Las decisiones estratégicas son aquellas que afectan a la empresa en su totalidad y definen su dirección a largo plazo. Este tipo de decisiones involucra compromisos significativos de recursos y, por lo general, tienen un impacto profundo en la viabilidad futura de la organización. En una nueva empresa, las decisiones estratégicas son cruciales desde el momento de su fundación, ya que influyen directamente en su capacidad para competir y crecer (en muchos casos para sobrevivir) en el mercado.
Las decisiones estratégicas involucran generalmente diversas áreas como: la expansión geográfica, la diversificación de productos o servicios, la elección de mercados objetivo, la formación de alianzas y, la adopción de nuevas procesos y tecnologías. Este tipo de decisiones requiere un análisis profundo de los recursos disponibles, las oportunidades del mercado, y los riesgos inherentes al entorno competitivo. Además, deben estar alineadas con la misión, visión, propósito y valores de la empresa.
Por otro lado, igual de importante es el proceso de dirección estratégica, el cual podemos definir como el conjunto de acciones interrelacionadas que permiten a la empresa diseñar, implementar y evaluar estrategias para cumplir sus objetivos a largo plazo. Este proceso claramente no es lineal, sino que debe ser ágil, flexible y adaptativo, dado que el entorno empresarial está en constante cambio. Las nuevas empresas (especialmente aquellas que se enfrentan a mercados inestables o disruptivos), deben ser ágiles en la ejecución de su estrategia.
Pensamiento Estratégico
A la capacidad de ver más allá de las operaciones diarias y pensar a largo plazo sobre el futuro de la empresa se le llama pensamiento estratégico. Implica la habilidad para analizar el entorno, identificar tendencias, anticipar cambios y desarrollar ideas innovadoras para posicionar a la empresa en el futuro. Para los emprendedores y líderes de nuevas empresas, el pensamiento estratégico es crucial para poder adaptar el negocio a las necesidades cambiantes del mercado.
Este pensamiento no solo se basa en la proyección a largo plazo, sino también en una evaluación continua de las circunstancias del momento, permitiendo que los líderes empresariales tomen decisiones informadas basadas en datos concretos. Este enfoque holístico permite identificar tanto oportunidades como amenazas en el entorno competitivo, así como las fortalezas y debilidades internas de la empresa.
De forma general, podemos considerar que el proceso de dirección estratégica se divide en varias fases que deben ser seguidas de manera secuencial y complementaria, las cuales son:
Análisis estratégico (externo e interno): Esta fase inicial implica la recolección y análisis de información sobre el entorno externo e interno de la empresa. En el análisis externo se evalúan factores como la competencia, los cambios en la industria, las regulaciones, la economía global y las tendencias del mercado. En el análisis interno, se evalúan los recursos, capacidades, competencias y debilidades de la empresa.
Formulación estratégica: Partiendo del análisis previo, se definen las estrategias a seguir. Esto incluye la identificación de objetivos específicos y metas a largo plazo. Durante esta fase, los líderes de la empresa deben tomar decisiones clave sobre cómo posicionarse frente a los competidores y qué caminos tomar para lograr un crecimiento sostenible.
Ejecución estratégica: Esta fase se centra en implementar las estrategias formuladas. Aquí se asignan los recursos necesarios, se establece una estructura organizativa adecuada, y se implementan las políticas y prácticas necesarias para llevar a cabo la estrategia. Es fundamentales para la correcta ejecución de las estrategias una comunicación efectiva y asegurar el compromiso de todo el equipo de la empresa.
Evaluación y control: Es crucial monitorear el progreso de la implementación y evaluar si los objetivos estratégicos se están alcanzando, todo con la finalidad de realizar ajustes en la estrategia si es necesario, basándose en el análisis de los resultados obtenidos y la retroalimentación del mercado.
Mi responsabilidad como líder
Las decisiones estratégicas son responsabilidad de la Alta Gerencia y los miembros clave del equipo ejecutivo de la empresa. Sin embargo, en las nuevas empresas, los emprendedores y fundadores suelen estar profundamente involucrados en la toma de decisiones estratégicas, debido a la naturaleza dinámica y la falta de una estructura jerárquica compleja.
Es importante destacar que las decisiones estratégicas deben ser tomadas de manera colaborativa, involucrando a los diversos stakeholders (internos y externos) de la organización para garantizar una visión integral. Si bien los directivos tienen la última palabra, el input de equipos operativos, expertos y socios clave enriquece el proceso de toma de decisiones. Además, las decisiones estratégicas deben ser tomadas de manera ética, buscando siempre el bienestar tanto de la empresa como de la sociedad en general.
Los grupos de interés (o stakeholders) son todas aquellas personas, grupos u organizaciones que tienen algún tipo de interés en las actividades de la empresa y que pueden influir en sus decisiones estratégicas. Para las nuevas empresas, entender y gestionar correctamente las relaciones con estos grupos es fundamental para alcanzar el éxito. Algunos de los principales grupos de interés incluyen:
Clientes: Sam Walton alguna vez dijo: “No existe más que un jefe, el cliente” y es que, ciertamente son los clientes el motor de cualquier empresa, ya que su satisfacción y lealtad son esenciales para la supervivencia a largo plazo. Las decisiones estratégicas deben centrarse en crear valor para los clientes, ofreciendo productos y servicios que resuelvan sus necesidades de manera efectiva.
Empleados (el talento): Los empleados son un recurso clave en la ejecución de las estrategias de la empresa, son talento genuino. La satisfacción laboral, el desarrollo profesional y un entorno de trabajo positivo son factores que pueden influir directamente en el rendimiento de la empresa.
Inversionistas: Los accionistas o inversionistas buscan rentabilidad y crecimiento. Las decisiones estratégicas deben equilibrar dichas expectativas con los objetivos a largo plazo de la empresa.
Proveedores: Sin proveedores no hay negocio, por lo que, son esenciales para el abastecimiento de los recursos necesarios para operar. Una relación estratégica sólida con los proveedores puede generar ventajas competitivas, como precios más bajos, justos y en condiciones favorables.
Gobierno y reguladores: Las políticas públicas y las regulaciones pueden afectar directamente las operaciones de una empresa. Cumplir con las normativas es vital para evitar sanciones y mantener una buena imagen pública.
La creación de valor es el objetivo fundamental de cualquier estrategia empresarial.
Para una nueva empresa, crear valor es sinónimo de generar riqueza de manera sostenible, asegurando no solo la rentabilidad financiera, sino también el impacto positivo en la comunidad y en los grupos de interés. La creación de valor puede manifestarse en diferentes formas, como: el nivel de satisfacción del cliente, la innovación, el crecimiento de la marca, y el bienestar de los empleados.
Es por lo anterior que, las decisiones estratégicas deben estar orientadas a maximizar este valor a largo plazo, y no simplemente a obtener beneficios inmediatos. La clave para lograrlo radica en identificar oportunidades para mejorar constantemente la oferta de la empresa; optimizando los procesos internos y adaptándose a los cambios del mercado.
Comprobado esta que, una empresa que crea valor se convierte en un activo valioso no solo para los accionistas, sino también para todos sus grupos de interés, fortaleciendo su competitividad y garantizando su éxito a largo plazo.
¿Cómo vas con tus decisiones estratégicas? Nuevo año, tiempo de repensar el negocio.
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